SE CERRÓ LA TEMPORADA

29 08 2022

“Soy vuestro escudero, necio y algo torpe, pero os digo maese don Alonso, que onde vos divisáis gigantes, solo hay molinos”.
Donde muchos quieren ver MLB, solo existe competición humilde y amater

Aunque los peloteros del SANI no estaban pensando en si eran o no profesionales, cuando el sábado 27, comenzó el último partido clasificatorio para disputar la finalísima de la Copa del Rey 2022. Saltaron al diamante con un solo pensamiento: GANAR.
Su mánager Pocero, dispuso sobre el terreno de juego, el mejor plantel de que disponía en ese momento, luego de haberse desplazado por carretera durante muchas horas de peligroso viaje y con demasiadas bajas producidas por lesiones (ese es otro tema) pero sobre todo por ausencias motivadas por la falta de disponibilidad laboral. Circunstancia ésta que, de ser un deporte profesional, obviamente, no hubiera sido un hándicap sobresaliente.
La novena bizkaína saltó al terreno de juego del estadio cordobés de Benamejí, convencido de su potencial y de las posibilidades de vencer a un Valencia Astros que amenazaba, con ánimo de revancha.
Y a fe que los saniarras demostraron capacidades suficientes para derrotar a un rival, a quien ya había doblegado con contundencia en los dos partidos, de la liga regular.
Primeras entradas jugadas de poder a poder, con una férrea defensa por ambos lados. Con los lanzadores estrella de ambas novenas dominando desde su loma particular. Ninguno de los dos equipos conseguía anotar carrera.
Hasta que llegó el 4º inning en el que el receptor Jose Abilio Ferrer sacudió un tremendo pepinazo que golpeó la valla y con su endemoniada y demostrada velocidad, consiguió alcanzar a salvo, la 2ª almohadilla para, después, con otro incogible por el jardín izquierdo que salió del bate de Eduardo Blanco, anotar la primera carrera bilbaína.
Luego vendría Jose Noroña que, con otro doble, empujaba a Blanco, subiendo al marcador la segunda carrera.
Una entrada más tarde, sería Aníbal Medina quien sacudía su segundo hit, este de dos bases, por el jardín central, para terminar anotando él mismo la tercera carrera saniarra y colocar el luminoso en un esperanzador 3 x 1 puesto que, Rodríguez, el cuarto bate valencianista se había encargado de apretarlo con un jonrón sin corredores en base y que ponía los nervios bilbaínos a flor de piel.
Fue el 5º inning, el de la retirada del lanzador Yosbany Torres, relevado por su compañero Justin Luna, ante la pérdida de respeto de los bateadores azulones que le habían propinado tres anotaciones y prometían más carreras.
No obstante, Yosbany se llevaba a su banquillo cuatro struckouts. Los mismos que conseguiría más tarde su compañero Luna.
Seis ponchados transportaba el zurdo Elio Silva, cuando también hubo de ser bajado de su montículo, luego de haber recibido un castigo inmerecido, con los dos batazos seguidos que le volaron la valla: Rodríguez de nuevo y esta vez con dos compañeros embasados y después Febles, que paseó él solo las cuatro almohadillas.
Cuatro carreras más que, sumadas a la primera, modificaban el luminoso y hacían rugir a los hambrientos bateadores naranjas, que veían cómo deslucían y desbarataban, injustamente, un serio, concienzudo y bien elaborado trabajo de la novena bilbaína.
Nada consiguió hacer Armando Dueñas, con su relevo a Silva, aunque en su 1.2 entradas lanzadas consiguiera doblegar en home a dos bateadores, ni tampoco lo logró Rubén González que ponchó a otro más, en su única entrada de refresco y taponera.
El partido estaba ya sentenciado y aún vendrían otras dos carreras valencianistas más en el 8º inning que, junto con la celeste lograda por Torres Mané en su último turno, dejaba el marcador en un definitivo 7 por 4, favorable a los arroceros valencianos.
Eduardo Blanco y Jose Noroña batearon un sencillo cada uno. Mientras que Jose Abilio Ferrer bateó dos, pero uno de ellos doble, y Aníbal Medina que destacó con el madero sacudió tres imparable, dos de los cuales se convirtieron también en hit de dos bases.
Desgraciadamente, ninguno de esos siete hits consiguió castigar merecida y suficientemente, para llevarse la victoria.
San Inazio se enfrentó y perdió, ante una novena que al día siguiente, conseguiría anotar otras seis carreras, pero dejando a cero el casillero de Tenerife Marlins, para proclamarse campeón de la Copa 2022.
Esta vez, a San Inazio se le atragantó la paella, justo en la despedida y cierre de la temporada 2022. Sin embargo este cierre ha arrojado un más que meritorio saldo, en un balance altamente positivo al haber conseguido colocarse en tercera posición, en las dos máximas competiciones estatales de la División de Honor.

Pero no es tiempo de lamentaciones, es tiempo de elogios y felicitaciones. Y también de reflexión. Incluso de reproches, porque…
Si anteriormente habíamos hablado de vendas y heridas, no era ni por capricho, ni por justificar con excusas una situación que, por impuesta, resulta aún más dura y dolorosa y que naturalmente, no solo ha afectado al San Inazio, sino a todos los que han competido esta temporada en la LN-DH, Liga Nacional División de Honor, que una gran y desconcertante mayoría se ha empeñado en denominar SBL, o Spanish Baseball League, emulando a la MLB, o Major League Baseball norteamericana.
Una denominación, por cierto, ni oficial ni refrendada por la Asamblea General ni por la Comisión Delegada de la RFEBS. Un nombre ficticio que llena bocas y satisface en exceso cuando lo reiteran hasta el hartazgo, a todos aquellos que pretenden emular esta competición estatal, absolutamente amateur, con la profesional del otro lado del charco y que, errónea y empecinadamente establecieron e impusieron un largo y excesivo calendario que ha originado innumerables problemas e inconvenientes para la mayoría de los equipos participantes, sobre todo a los cuatro finalistas de los dos máximos campeonatos, que han tenido que alargar onerosamente su periodo de competición oficial.
Un alargada e interesada temporada, plagada de fines de semana de descanso inaprovechados, un alargamiento de la competición dirigido más a dar brilli brilli, que a conseguir optimizar una más solvente competición. Unas jornadas de descanso que bien debieran haberse aprovechado para solventar la Copa, como se hacía en años anteriores y no retrasarla en demasía, como se ha hecho esta temporada.
Pero no solo porque el coste económico de este modelo de competición ha supuesto un descalabro en la economía de los clubes, que también, sino porque ha obligado a competir con unos recursos humanos limitados y casi en precario, debido a las limitaciones impuestas por los trabajos y profesiones individuales, que ha deslucido la parte final de la temporada.
Sin embargo, los rectores del máximo organismo oficial, en contraposición al desajuste económico de los clubes, sí que ha “ajustado” su presupuesto, por ejemplo, reduciendo el número de ampayer que han trabajado, tanto en las series finales de la Liga, como en los playoff de la Copa, creando la sensación de desamparo y desprecio para el colectivo arbitral y para los equipos contendientes.
Por todo ello y mucho más, la temporada deportiva del béisbol estatal de 2022, ha parecido, más, una burda copia de la gigante MLB, que una original y genuina competición nacional, habiendo dejado a su paso, cual tsunami, demasiados destrozos…
Quizás, esta Spanish Béisbol League, también sea un gigante. Pero parece un gigante… con los pies de barro.

El viejo 2022 ha fenecido, viva el nuevo 2023.


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